Con motivo de la exposición de Francis Bacon en el Prado vamos a comentar su obra estudio de retrato de Inocencio X.
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De acuerdo, esta obra de Bacon es una de las máximas del arte y su evolución: ser original no es hacer algo nuevo jamás visto, sino ir más allá de lo ya conocido y sacudir las conciencias. ¿qué opináis?
Mi opinión sobre estas dos obras, es la siguiente:
Primero, los artistas, solo represetaban lo que veián, normalmente. Posteriormente, un segundo artista, estudiaba la obra y además, pienso que también estudiaba al personaje. Por eso Bacon, le pinto con unos anillos protectores y sobre todo,lo que más me llama la atención, es la cara, el interior de ésta, que es lo que debio ver el autor al estudiar y conocer al personaje en cuestión.
Me dejas impresionado Enrique, lo que comentas me da que pensar en que los antiguos pintores como Velazquez se esmeraban, veladura tras veladura, no sólo en representar la piel de los personajes que retrataban, sino los humores que corrían bajo ella. Todo ello para captar la esencia de su ser. El arte contemporaneo se libera de ese procedimiento, pero básicamente y a su manera hace lo mismo que Velazquez, es decir, retratar lo que hay más allá de la piel y la mirada: el miedo, el sufriemiento, la agonía… Lo que comentas sobre el interior de la cara, esa boca desaforada, los anillos protectores, toda va en ese sentido. Creo que cada vez me gusta más Bacon.
El “Grito primordial”
Primer vestigio en la obra de Bacon del retrato de Inocencio X, de Velázquez, El grito primordial es el tema más destacado en estos primeros cuadros, en los que todo el rostro desaparece en la penumbra, para centrarse en la boca que grita.
En ese año se independiza de la familia y se establece en Londres. Tras una breve estancia en Berlín, pasa dos años en Francia, cerca de Chantilly. Allí visita con frecuencia el Museo Condé, donde se conserva La matanza de los Inocentes (1630-1631), de Poussin. La figura de la madre gritando cuando le arrebatan a su hijo le impresionó vivamente, hasta el punto de convertirse en una imagen recurrente en sus primeras pinturas junto con otro grito famoso, el de la enfermera herida en las escaleras de Odessa que aparece en “El acorazado Potemkin”, la legendaria película de Sergei Eisenstein de 1925.
La exposición de Picasso en París, en la galería de Paul Rosenberg, en 1927, le decide a iniciarse en la pintura. Picasso le muestra “que hay todo un territorio que, en cierto modo, no ha sido todavía explorado, de formas orgánicas relativas a la figura humana que la distorsionan por completo”. Ese será, ya para siempre, el territorio pictórico de Bacon.
Hacia 1945 se consagra con Tres estudios de figuras junto a una Crucifixión, que explora ya el formato del tríptico. Se le asocia por entonces con otros pintores figurativos ingleses coetáneos, como Graham Sutherland y Matthew Smith, así como con el escultor Henry Moore. Con todos ellos coincide en algunas exposiciones colectivas, aunque su insobornable individualidad se afirma pronto en cuadros que ya ofrecen sus temas habituales; así ocurre con Magdalena y las demás evocaciones del grito primordial descubierto en la pintura de Poussin y la escena de Eisenstein, como Cabeza VI, Estudio para un retrato o las distintas versiones del retrato del papa Inocencio X, de Velázquez, que se conserva en Roma, y son lo más destacable de su obra a principios de los cincuenta.
Poco a poco, la relación entre la figura y el espacio pictórico se va definiendo; aparecen los cubos lineales que, como jaulas transparentes, aíslan la figura del entorno. En los años sesenta su lenguaje adquiere la madurez definitiva
Bacon es una de las voces más potentes y singulares del arte de la segunda mitad de siglo. Sólo eso explica su consagración en una escena artística -la de los años cuarenta y cincuenta- dominada por la abstracción,pero la implacable individualidad de la obra de Bacon se resiste a toda clasificación simplista, el suyo es un camino solitario, cegado para posibles seguidores, aunque no por ello ajeno al espíritu de su época. Bacon se mantuvo activo hasta el año de su muerte, que le sorprendió en Madrid cuando se disponía a inaugurar una exposición de su obra última
Si estáis interesados en el tema, aquí os envío dos direcciones donde podréis investigar los orígenes e influencias, que marcaron la obra de Bacon en una primera etapa, y que fue evolucionado a lo largo de su vida artística….EL GRITO…..Y quizá , el porque de su tan personal forma de MIRAR la realidad.
http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/cuadros/3114.htm
http://www.youtube.com/watch?v=euG1y0KtP_Q
Os leo y no puedo evitar volver a la niñez, cuando mi profesora de Arte, nos explicaba cada cuadro, cada obra, y encontraba explicaciones a cada pincelada, a cada composición…….y yo cada vez lo veia menos, a cada explicación buscaba lo contrario por sistema, por rebeldía, lo siento mis queridos amigos, pero me quedo con Velázquez, el impresionismo y si la pintura tiene que tener su puntito de locura, me quedo con Dalí, este señor Bacon no me gusta nada en absoluto, salvo que me convenzais de lo contrario.
Dicho sea desde el más absoluto de los respetos hacia cualquier persona que tenga el valor de expresar lo que sienta o piense de una forma artística, sea la que sea.
Ver la opinión de Julio en la siguiente entrada:
http://coloresvivos.wordpress.com/2009/02/16/bacon-en-el-prado-inocencio-x/
Después de haber dado una vuelta por el Museo del Prado, dejo aquí algunas notas sobre Bacon:
UNO
Quien vaya al Prado a ver las obras de este artista, que primero se sacuda sus prejuicios y se convierta en lo que es y en lo que se va a ver reflejado en los cuadros, es decir, en una masa informe de carne. En un cacho de carne con apetitos y sensaciones, que actúa y deambula por las galerías mirando cuadros. Lo segundo que se debe hacer es retrotraerse al claustro materno, y meditar sobre el aislamiento humano, los espacios finitos materiales, y por ende, en la agonía y la muerte. Y es entonces, sólo entonces, cuando se puede penetrar a contemplar a Bacon.
DOS
Si entramos a analizar el proceso de creación de Bacon, es simplemente brutal. Los que iniciamos caminos en la pintura nos esforzamos en garabatear nuestros cuadernos de apuntes intentando aproximarnos a lo natural de la forma más bella posible, pero siempre siendo tan ingenuos que, una de dos: o nos frustramos porque el resultado es poco verosímil, complicándonos la vida en metas de copiado exacto de lo que vemos como demasiado real e inalcanzable, o simplemente bloquemos la mano ante lo que nos supera. Pero resulta que te llega un tío como Francis Bacon y te dice: Mira, que lo bello (la verdad) es puro sentimiento, es azar, y es puro gesto. Que la sonrisa en un retrato de Bacon “es y no es” tan bella como una puesta de sol de Monet (hablando en términos formales) pero los dos son exactamente igual en sus objetivos, es decir, la expresión vivida y transformadora del artista. Es entonces, y sólo entonces cuando aparece el genio creador. Es entonces cuando la naturaleza que vemos se transforma y fluye como energía hasta la mano que realiza la imagen. Pero que nadie se crea que esto es fuerza creadora sin más, detrás de toda la obra de Bacon hay un estudio y una técnica meticulosa; simplemente fijaros en la distribución de la línea y la forma sobre el lienzo para daros cuenta de esto.
TRES
Los retratos de Bacon se reducen a un grito agónico porque simplemente se retrotraen a su esencia real. Para entender a Bacon tienes que coger a un personaje de tu alrededor, al que quieras, y lo desnudas en “cuerpo y alma”. Lo deshojas como una margarita, ahora le quitas las convecciones sociales, ahora las morales, ahora… y sigues así hasta que al final mira a ver lo que te queda. Quizá algo parecido a un retrato de Bacon, es decir, carne, acto y voluntad. Unas veces veras desesperación, otras a alguien en un juego lúdico dando vueltas sobre un taburete, en una jaula, en otras reposando sobre un retrete, echados sobre un colchón. Y en otras ocasiones veras al Papa Inocencio X de Velázquez, lleno de soberbia y altanería, después lo deshojarás de sus convicciones (lo verás tirado en su palacio sin que nadie se acuerde de él) y se convertirá en algo parecido a lo que hizo Bacon del cuadro de Velázquez en sus cuarenta estudios.
En realidad la obra de Bacon puede representar una catarsis, una terapia de psicoanálisis, el enfrentamiento de un trauma transcendental. Puede representar la banalidad, la pura materialidad, lo efímero del ser humano. La felicidad complaciente o la placidez y contemplación del puro acto humano sin interpretaciones. Y puede representar lo que a ti te dé la gana.
CUATRO
¿Quién fue Francis Bacon? ¿Un Loco? ¿Un artista? ¿Un creador de imágenes? ¿Un cínico? Quizá de todo un poco, pero por encima de todo deberíamos decir que fue un ser incatalogable, inagotable, inalcanzable y brutal. Y sin embargo, por muy elocuente que estos adjetivos parezcan, en qué le convierten: ¿en sorprendente?, ¿original?, ¿existencialista?… ¿Quizá fue dueño de un arte inútil? Términos estos demasiados vacuos, y sin embargo es aquí, en estas simples preguntas, donde hallamos el meollo de la cuestión: Francis Bacon nos provocará de todo excepto indiferencia. Lo es todo y nada. Su arte es tan inútil como insustituible. Bacon nos hace reflexionar, y nos hace reflexionar de verdad, no sólo sobre el arte, sino sobre nuestra propia existencia.